Hay días en los que me apetece salir con la cámara, buscar una buena luz y dedicar tiempo a cada imagen. Y otros en los que simplemente quiero desconectar, dar una vuelta, comer bien y disfrutar del paisaje. Eso sí, si aparece una buena fotografía o un momento que merece la pena grabar, tampoco quiero dejarlo escapar.
Para ese segundo tipo de salida tiene mucho sentido una cámara como la Osmo Pocket 4P. Pequeña, fácil de llevar y pensada para grabar sin que cada plano se convierta en una preparación de varios minutos.
Imagina una escapada por la costa catalana. Una carretera junto al Mediterráneo, un pueblo marinero, un paseo por sus calles y un camping cerca de la playa donde terminar el día con calma. No hace falta irse muy lejos para encontrar situaciones que ponen a prueba una cámara: reflejos sobre el agua, calles a pleno sol, interiores oscuros o esa luz del final de la tarde que dura menos de lo que nos gustaría.
Y aquí es donde esta Pocket tiene cosas interesantes que contar.
La primera es la incorporación de una segunda cámara. Al angular de 20 mm se suma una cámara de 60 mm. Todas las focales que comento son equivalentes a formato de 35 mm, para que podamos entendernos y compararlas con las de otras cámaras.
El 20 mm permite recoger el paisaje, mostrar el entorno y explicar dónde estamos. El 60 mm ayuda a cerrar el encuadre y dar protagonismo a un detalle. Puede ser una barca en el puerto, una fachada o una persona. A mí esta combinación me parece especialmente útil porque permite variar los planos sin tener que acercarte siempre físicamente a lo que quieres grabar.
La otra novedad que me llama la atención es el sensor con tecnología LOFIC de la cámara angular. Y aquí conviene explicar qué nos puede aportar en una situación real, porque las siglas, por sí solas, dicen poco.
Piensa en el mar al atardecer. Tienes zonas en sombra, el cielo todavía luminoso y reflejos muy intensos sobre el agua. La dificultad está en conservar información en esas luces sin dejar el resto de la imagen demasiado oscuro. La tecnología LOFIC está orientada precisamente a ampliar ese margen de captura. Lo que me interesa es poder conservar mejor las transiciones de luz y color en escenas con mucho contraste.
El viaje empieza antes de llegar al destino. Una carretera que bordea la costa ya puede dar bastante juego para montar después un pequeño vídeo de la escapada. Con la cámara bien fijada a un soporte y la grabación preparada antes de salir, el estabilizador ayuda a reducir las vibraciones del recorrido.
También es una buena situación para valorar cómo responde la exposición automática. Entrar en un túnel y salir de nuevo a una zona luminosa obliga a la cámara a adaptarse a un cambio considerable. Que esa transición resulte natural tiene más importancia de la que parece cuando luego vemos el vídeo seguido.
Para una grabación informal, trabajar en 4K y dejar la exposición en automático simplifica mucho las cosas. Se puede salir sin filtros ND y concentrarse en el recorrido. Si queremos controlar con más precisión la velocidad de obturación y el aspecto del movimiento, ya tendremos ocasión de afinar la configuración. Pero no todas las salidas tienen que convertirse en un rodaje.
Y tampoco todas las escapadas salen como las habíamos imaginado. Puedes esperar un cielo completamente azul y encontrarte una mañana de bruma sobre el mar. Bueno, también forma parte de viajar. Esa luz más suave puede dar imágenes interesantes, aunque sean distintas de las que teníamos en la cabeza.
Al llegar a un pueblo costero, una parada para comer siempre viene bien. Una terraza cerca del puerto, un arroz marinero o unas gambas a la plancha. Son escenas cotidianas que también ayudan a contar el viaje.
Aquí la cámara de 60 mm tiene bastante sentido. Si intentamos llenar el encuadre con un plato utilizando el angular, normalmente nos acercaremos mucho y la perspectiva puede resultar exagerada. Con una focal más larga podemos separarnos un poco y conseguir una representación más natural de las proporciones.
Parece un detalle pequeño, pero poder pasar de una vista general de la mesa a un plano más cerrado de la comida da variedad al vídeo. Y lo hacemos sin cambiar de objetivo ni cargar con otro equipo.
Después de comer, toca pasear. Calles estrechas, fachadas de piedra, antiguos almacenes del puerto, alguna casa de pescadores y esas pequeñas plazas que aparecen cuando te apartas del paseo principal. No hace falta buscar un monumento conocido. Muchas veces lo que mejor explica un lugar está en los detalles.
Cuando grabamos caminando con una cámara a mano alzada, los pasos se pueden notar bastante. Un estabilizador mecánico ayuda a suavizar esos movimientos y facilita conseguir planos fluidos. Evidentemente, caminar con cierta suavidad sigue ayudando; el estabilizador tampoco hace desaparecer cualquier movimiento. Pero para un paseo informal resulta muy cómodo.
Si algo queda un poco más lejos, entra en juego la focal de 60 mm y la posibilidad de llegar a un encuadre equivalente a 120 mm mediante el zoom que el texto de presentación describe como sin pérdida. También se puede alcanzar un equivalente de 240 mm, aunque en ese caso hay que contar con una reducción de calidad.
Yo aquí lo tengo claro: prefiero valorar el resultado que necesito antes que utilizar siempre el máximo aumento. Para acercar una gaviota junto al agua o un detalle del puerto puede venir bien. Si la imagen pierde demasiado, quizá compense abrir un poco el plano.
El paseo también puede llevarnos al interior de una bodega tradicional, con sus barricas, sus paredes de piedra y una iluminación bastante más tenue que la de la calle. Es otro escenario interesante para una cámara pequeña: conservar los colores, controlar el ruido y mantener una imagen agradable cuando la luz empieza a escasear.
Después podemos continuar hasta un camping próximo al mar. Un sitio donde montar la tienda, dejar las cosas y pasar un rato sin prisas. Aquí la función de seguimiento aporta algo práctico, especialmente si viajamos solos.
Colocamos la cámara sobre un soporte, activamos el seguimiento y dejamos que acompañe nuestros movimientos mientras preparamos el campamento. Así podemos aparecer en el vídeo sin estar pendientes de corregir el encuadre a cada momento. Habrá que comprobar cómo responde cuando nos giramos o pasamos detrás de algún objeto, pero la idea es muy cómoda: poder grabar lo que estamos haciendo mientras seguimos a lo nuestro.
Al final de la tarde llega uno de los momentos que más me interesan fotográficamente. La luz se vuelve más cálida, las sombras se alargan y la superficie del mar empieza a cambiar de color. Incluso sin tener el sol de frente, una playa mediterránea puede dar mucho juego a esa hora.
Para estas escenas, el angular de 20 mm permite incluir el cielo, el agua y parte de la orilla. La grabación en D-Log 2 ofrece una opción para quien quiera trabajar después el color. El rango dinámico anunciado de hasta 17 pasos es un dato atractivo, aunque lo que de verdad importa es cómo se traduce en detalle utilizable en las luces y las sombras.
También está la posibilidad de grabar cámara lenta en 4K a 240 fotogramas por segundo. Una ola pequeña, la espuma retirándose sobre la arena o una salpicadura pueden adquirir otro interés cuando vemos el movimiento más despacio. A veces basta algo tan sencillo para intercalar un plano bonito entre las escenas del paseo.
Cuando cae la noche, el contraste cambia de nuevo. Una linterna encendida junto a una tienda de campaña o unas luces cálidas en la zona común del camping ponen zonas muy brillantes junto a otras casi oscuras. Es una buena ocasión para comprobar cuánto detalle conserva la cámara y cómo representa el color de esas luces.Y si el cielo tiene movimiento, podemos terminar con un time-lapse. Condensar veinte minutos en unos veinte segundos permite ver el desplazamiento de las nubes y el cambio de luz de una manera que normalmente nos pasa desapercibida. Es un recurso sencillo que puede cerrar muy bien el vídeo de la escapada.
Otro detalle práctico son sus 103 GB de almacenamiento interno. Tener memoria disponible en la propia cámara puede salvar una salida si nos hemos dejado la tarjeta en casa. La duración que podremos grabar dependerá de la configuración elegida, pero ese margen adicional se agradece.
A mí me sigue gustando elegir una cámara, un objetivo y salir con la intención de hacer fotografías. Eso tiene su propio atractivo. Pero también valoro poder llevar algo pequeño que me permita reaccionar cuando aparece un momento interesante, sin que el equipo condicione toda la salida.
Y ahí es donde encaja la Osmo Pocket 4P: un paseo por el pueblo, una comida junto al mar, una tarde de camping o una escapada improvisada. Poder grabarlo con facilidad y, al mismo tiempo, disfrutar de estar allí. Porque al final quieres volver con buenas imágenes, pero también con la sensación de haber vivido el viaje.

